Pues parece que sí. Esa es la principal conclusión de un estudio publicado en noviembre del año pasado en la prestigiosa American Journal of Sports Medicine. En dicho trabajo, 118 corredores (entre 18 y 55 años de edad, con al menos un año de experiencia corriendo y un IMC<30) fueron aleatorizados en dos grupos, intervención y control, y se les realizó un seguimiento de 1 año de duración.

Durante las primeras 8 semanas, el grupo experimental añadió a su entrenamiento habitual una sesión semanal supervisada de ejercicios de fuerza para la musculatura intrínseca del pie, que debían realizar 3 días más a la semana sin supervisión directa; mientras que el grupo control realizó como placebo 3 sesiones semanales de 5 min de duración de estiramientos estáticos. Desde el segundo mes hasta el final del seguimiento se pidió a los corredores de ambos grupos que mantuviesen las 3 sesiones semanales sin supervisión directa.

El principal resultado del estudio muestra que el riesgo de lesión en los corredores del grupo control fue un 242% mayor que en el grupo experimental. Un segundo dato interesante es que las diferencias entre grupos se hicieron evidentes a partir del cuarto mes, de modo que los autores proponen que éste sería el horizonte temporal para empezar a vislumbrar los efectos beneficiosos de entrenar específicamente la musculatura intrínseca del pie.

Short foot exercise

✔️ ¿Existe una relación dosis-respuesta?

Siempre que se evalúan los posibles efectos positivos de un entrenamiento concurrente a la carrera, es interesante contrastar sí existe una relación dosis-respuesta. En este caso también la hubo: la ganancia en la fuerza isométrica de la musculatura intrínseca del pie correlacionó positivamente con el tiempo sin lesión.

✔️ ¿Qué posibles mecanismos mediadores podrían explicar esta relación?

Considerando el papel que juega el pie cuando corremos tanto en la fase de recepción como en la de impulsión, los autores sugieren que mejorar la fuerza de la musculatura intrínseca de esa articulación puede estar asociado a una mejor absorción de impactos y un mejor control de la alineación y el rango de pronación desde el contacto hasta el despegue del pie. De hecho, en un trabajo anterior utilizando una propuesta de entrenamiento similar, estos mismos investigadores habían demostrado ya adaptaciones tanto estructurales (aumento del area de sección transversal) como funcionales (incremento en la fuerza de impulso vertical en carrera) tras 8 semanas de intervención.

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